
La ciudad que nunca duerme da la bienvenida a la temporada más mágica del año con la instalación de su tradicional abeto navideño, símbolo de esperanza, unión y celebración.
La Navidad ya comienza a sentirse en el corazón de Manhattan. Este fin de semana, el icónico árbol del Rockefeller Center fue colocado en su lugar, marcando el inicio oficial de las festividades en Nueva York. Este año, el protagonista es un imponente abeto noruego de 23 metros de altura, originario de East Greenbush, una localidad al norte del estado.
El ejemplar fue donado por la familia Russ, quienes lo cuidaron durante más de 75 años en su propiedad. Para ellos, compartir este árbol con millones de personas es una forma de extender su historia familiar y contribuir a una tradición que trasciende generaciones. “Es un honor ver cómo algo que ha sido parte de nuestra vida ahora será parte de la Navidad de tantas otras personas”, expresó Judy Russ.
Cientos de neoyorquinos y turistas se congregaron en la plaza para presenciar el izado del árbol, un momento que, aunque aún sin luces, ya despierta la emoción colectiva. Familias enteras se acercaron para capturar el instante, disfrutar del ambiente festivo y comenzar a vivir la magia que caracteriza a la ciudad en esta época.
El encendido oficial de las luces está previsto para el miércoles 3 de diciembre, en una ceremonia que será transmitida en vivo por NBC y contará con actuaciones musicales y la colocación de la emblemática estrella Swarovski en la cima del árbol. Se espera que más de 50.000 luces LED iluminen el abeto, convirtiéndolo en un faro de alegría y esperanza.
El traslado del árbol desde East Greenbush hasta Manhattan abarcó más de 200 kilómetros, en una operación cuidadosamente planificada para preservar su estructura. Con un peso de aproximadamente 11 toneladas y un diámetro de 14 metros, este abeto no solo destaca por su tamaño, sino también por su historia y simbolismo.
La llegada del árbol al Rockefeller Center marca el inicio de una serie de actividades navideñas que transforman la ciudad en un escenario de ensueño: mercados de invierno, pistas de patinaje, vitrinas decoradas y espectáculos que celebran la magia de la temporada.