El extraño método de Jacob Elordi para convertirse en la Criatura de “Frankenstein”

Cuando Jacob Elordi aceptó asumir el papel de la Criatura en la próxima película de Guillermo del Toro, sabía que el desafío iba mucho más allá de maquillaje o efectos especiales. “Esto no es sólo disfrazarse, es nacer de nuevo”, confesó el actor en entrevistas recientes. Y vaya si lo hizo.

El proceso comenzó con un cambio físico extremo. Elordi admitió que había perdido mucho peso —por un papel anterior— y que ese estado de debilidad corporal se convirtió en insumo creativo: “Mi cuerpo estaba con tanto dolor… y descubrí que eso podía servirme”, explicó. Trabajos de madrugada, angustia, noches de insomnio: todo fue material para el personaje.
Pero todo esto no se limitó al cuerpo. El actor se sumergió en la danza japonesa butoh —una expresión artística que retrata cuerpos en transformación, lentos, retorcidos y ajenos al confort— para habitar la torpeza, la fragilidad y el desconcierto de un ser recién creado. Observó también el andar de su perro, para captar gestos animales, respiración distinta, abandono del ritmo humano. Estos elementos se mezclaron para forjar una presencia que no aparente ser humano, sino obra incompleta, perseguida por su cuerpo.

Netflix

En el set, la transformación era monumental: más de diez horas diarias en el sillón de maquillaje, con treinta o cuarenta piezas prostéticas pegadas, cada una diseñada para alterar su físico, su estatura, su gesto. Del Toro la describió como “una criatura de alabastro, de tristeza contenida”, lejos del monstruo caricaturesco de otros tiempos. Elordi dijo que ese ritual lo liberó: “Perderme en ese otro cuerpo fue un alivio”, afirmó.

El resultado promete ser más que terror. Esta Criatura está pensada como ser emocionalmente dolorido, vulnerable, lleno de preguntas no respondidas. Y Elordi lo ha abordado desde adentro: con sufrimiento, estudio, disciplina. La propuesta cinematográfica deja claro que la grandeza no está en los efectos… sino en la veracidad del dolor que siente ese “monstruo”.

Para él, era más que un papel: “Me transformó como actor y persona”, comentó. De galán que conquistó Netflix, a criatura que hace temblar no por horror, sino por humanidad. Y cuando la película salga, veremos si ese método extraño —perder peso, estudiar butoh, respirar como un animal— dio vida al Frankenstein que todos llevábamos esperando.

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