Los 9 comportamientos que marcaron el estilo de trabajo de Gates y Jobs: lo que jamás incorporaron a su jornada profesional

La productividad no solo se construye con buenas prácticas, también se blinda eliminando las malas. Bill Gates y Steve Jobs, dos visionarios que dejaron una huella imborrable en la industria tecnológica, coincidieron —desde enfoques distintos— en rechazar conductas que debilitaban el foco, la creatividad y el rendimiento real. Más que cumplir con rituales estrictos, ambos se aseguraron de no permitir hábitos que, según su experiencia, distraen la mente y erosionan el propósito.

  1. Reemplazar ideas por diapositivas

Para Jobs, muchas presentaciones eran una vía elegante para evitar la discusión profunda. Prefería intercambios frontales, conversaciones sin adornos visuales, donde el razonamiento —y no los diseños— fuera el eje central.

  1. Llenar reuniones de personas innecesarias

Los encuentros de trabajo debían sumar, no entretener. Jobs, en particular, exigía reuniones cortas y con protagonistas: solo quienes tenían una participación activa debían estar presentes. Nada de espectadores silenciosos.

  1. Saltar entre tareas sin terminar lo importante

La multitarea desenfrenada nunca tuvo cabida en su filosofía. Gates privilegiaba dedicar tiempo prolongado a un solo tema, leer, entender, conectar puntos. La atención fragmentada no formaba parte de su esquema mental de trabajo.

  1. No destinar tiempo a pensar estratégicamente

Pocas pausas han sido tan célebres como las “semanas de pensamiento” que Gates estableció en su calendario. Retirarse para leer y analizar ideas era una inversión, no un lujo. Sin ese espacio de claridad, no tomaba decisiones trascendentes.

  1. Dejar que los procesos diluyan las decisiones

Jobs no quería que la burocracia ralentizara la inspiración ni complicara las resoluciones. Los comités eternos, la formalidad excesiva y los procesos rígidos no tenían lugar en su dinámica laboral.

  1. Sacrificar siempre el descanso en nombre del rendimiento

Aunque su ritmo era exigente, Gates entendió pronto que la mente solo funciona al máximo si el cuerpo también se recupera. Dormir, desconectar y pausar eran aliados del trabajo inteligente, no enemigos de la productividad.

  1. Permitir que lo digital domine la atención

Ambos, desde su forma de dirigir equipos o liderarse a sí mismos, valoraban la desconexión de las distracciones virtuales. El ruido digital constante no estaba invitado a su jornada.

  1. Comprometerse con todo en vez de seleccionar lo que importa

Jobs cuidaba ferozmente su tiempo y su atención. No aceptaba decir “sí” a cada idea o solicitud. Priorizar era su superpoder oculto: descartar algo también era una decisión.

  1. Dejar reuniones abiertas y sin dirección clara

Cerrar acuerdos era parte fundamental. Las conversaciones podían ser intensas, pero debían terminar con tareas, responsables y plazos. La ambigüedad productiva no existía en su manual personal.

La enseñanza detrás del “no”

Estos principios no son solo hábitos descartados, son recordatorios de cómo la excelencia no se improvisa. Gates y Jobs entendieron que el éxito profesional no depende de cuánto se trabaja, sino de cómo se protege la atención, cómo se organiza el tiempo y en qué se decide invertirlo.

El mensaje es claro: la productividad real exige valentía para eliminar lo superficial, disciplina para sostener el foco y madurez para cuidar el equilibrio interno que permite pensar en grande.

Si tu carrera pudiera hablar hoy, tal vez también te pediría lo mismo: menos ruido, más claridad, más intención. Ese fue su legado silencioso y esa sigue siendo la vía más eficiente para avanzar.

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