
James Cameron sorprendió recientemente al revelar uno de los secretos mejor guardados de su carrera: estuvo a solo un paso de dirigir Wicked, la ambiciosa adaptación cinematográfica del famoso musical de Broadway. Para muchos, la idea parece un cruce improbable entre universos creativos, pero lo cierto es que Cameron se sintió profundamente atraído por el proyecto. En sus propias palabras, la historia le parecía visualmente poderosa y emocionalmente rica, un universo lleno de posibilidades cinematográficas.
El interés de Cameron surgió después del estreno de Avatar. Mientras la industria aún procesaba su impacto tecnológico, él ya buscaba un nuevo desafío de gran escala. Wicked tenía todo lo que suele cautivarlo: mundos extraordinarios, personajes complejos y la oportunidad de empujar los límites de lo posible. Sin embargo, el director decidió alejarse cuando descubrió que, a pesar de admirar la obra, no conectaba con el lenguaje del musical. Según confesó, no logró “encontrar la canción”. Esa frase sencilla condensa un choque creativo: no basta con admirar la historia, también es necesario sentirla.

La posibilidad de un Wicked dirigido por Cameron despierta inevitablemente la imaginación. ¿Cómo habría sido ese Oz reinterpretado por el maestro de la ciencia ficción? ¿Cuáles habrían sido sus aportes visuales, sus giros narrativos, su sello inconfundible? Pensar en esa versión alternativa del filme se convierte casi en un ejercicio cinematográfico fascinante, pues sabemos que Cameron es capaz de reinventar por completo los géneros que toca.

Aun así, la decisión de no continuar demuestra su respeto absoluto por el material original. Cameron siempre ha defendido que un director debe comprometerse emocionalmente con cada proyecto, y si la historia no fluye de forma natural, lo más honesto es dar un paso atrás. Aunque Wicked finalmente llegó al cine bajo otra visión, la revelación deja abierta la puerta para una futura incursión del director en el mundo de los musicales. Él mismo lo admitió: no descarta volver a intentarlo si la historia adecuada aparece en su camino. Y si eso ocurre, podría volver a revolucionar el cine tal como lo ha hecho tantas veces.