All’s Fair y Kim Kardashian: un debut dramático que fue recibido con poca gracia

El arranque de la serie All’s Fair posicionó a Kim Kardashian en un nuevo terreno: protagonista de un drama televisivo con artistas de alto calibre, producción millonaria y aspiraciones de éxito global. Pero lo que muchos creían que sería su salto a la actuación “seria” se transformó en un fenómeno distinto: crítica abrasiva, percepción de guion flojo y la sensación de que la serie no cumple con su propia propuesta.

La trama sigue a Allura Grant —personaje encarnado por Kim— quien abandona su despacho legal para abrir uno especializado en divorcios de mujeres adineradas, junto a un equipo formado por mujeres. La idea —modernamente atractiva— se ve opacada por diálogos poco creíbles, situaciones caricaturescas y un evidente desequilibrio entre estilo y sustancia. Según varios críticos, la narrativa se siente superficial, los personajes clichés y las emociones huecas.

 EFE/Andy Rain

En el terreno de las cifras también es demoledor: el agregador de reseñas más reconocido de internet le otorga un 0% de aprobación —una rareza en la industria— a los primeros capítulos. La prensa especializada internacional no se reservó nada: calificativos como “incomprensiblemente terrible” o “un crimen televisivo” circularon en titulares. Incluso la actuación de Kim fue señalada como fría, sin matices y por momentos desconectada del contexto dramático que la serie aspiraba a generar.

Pero no todo es negatividad absoluta. En redes sociales algunos espectadores la defienden como un “placer culpable”: camp, exagerada, visualmente ostentosa y perfecta para un visionado ligero sin altas exigencias narrativas. Mientras tanto, la producción genera debate sobre los riesgos de combinar celebridades con aspiraciones dramáticas, sobre la evolución del contenido televisivo y sobre el umbral de la calidad en una era de streaming saturado.

En definitiva, All’s Fair se estrena no sólo como una pieza televisiva sino como fenómeno de cultura pop: un experimento que convocó a nombres grandes, que prometía empoderamiento femenino glamuroso, y que, al menos por ahora, ofrece más brillo que impacto. Kim Kardashian se atreve, el público juzga, y la industria observa cómo se define el resultado.

Te podria interesar