Cuando la violencia callejera alcanza incluso a la presidenta: el incómodo momento de Claudia Sheinbaum en la vía pública

Era un paseo más en el centro histórico de Ciudad de México: Claudia Sheinbaum caminaba hacia el Ministerio de Educación, sonriente, en contacto directo con la gente. No era una escena extraordinaria: precisamente la jefa de Estado ha cultivado esa cercanía voluntaria. Pero entonces sucedió lo inesperado. De entre la multitud, un hombre visiblemente intoxicado se acercó desde atrás, rodeó con su brazo el hombro de la presidenta, buscó besar su cuello y extendió una de sus manos hacia su pecho.

El video, que en pocos minutos se viralizó, muestra a Sheinbaum apartando las manos con compostura, girándose y diciendo suavemente “no se preocupe”. Su equipo de seguridad tardó en reaccionar, lo que intensificó el impacto de la escena. El hombre fue arrestado poco después, y la presidenta anunció que presentará formal denuncia penal.

Pero lo ocurrido trascendió lo estrictamente personal. En su conferencia matutina del día siguiente, Sheinbaum enfatizó que lo que le ocurrió a ella ocurre a mujeres en miles de contextos: “Si esto le hacen a la presidenta, ¿qué le va a pasar a todas las mujeres del país?”, expresó con firmeza. Con estas palabras, convirtió su susto en un altavoz para una problemática sistémica: el acoso, la agresión en espacios públicos, la impunidad.

El incidente también levantó cuestionamientos sobre sus protocolos de seguridad. Al igual que su antecesor, Sheinbaum opta por caminar entre la gente, reducir su escolta y proyectar accesibilidad. Sin embargo, esta vez ese estilo se encontró con una vulnerabilidad palpable. ¿Es compatible el acercamiento ciudadano con la protección del primer mandato femenino de México?

La discusión ya está abierta. Y en el centro permanece una pregunta clave: ¿qué tan segura está una mujer —por muy poderosa que sea— en las calles de su país?

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