
Han pasado más de catorce años desde que Tom Felton dejó atrás los pasillos de Hogwarts, pero el hechizo nunca se rompió. El actor británico, recordado por dar vida al inolvidable Draco Malfoy en la saga de Harry Potter, ha vuelto a encarnar a su icónico personaje, esta vez sobre el escenario de Broadway, en la obra Harry Potter and the Cursed Child.
El esperado estreno tuvo lugar en el Lyric Theatre de Nueva York y fue recibido con una ovación ensordecedora. Los fanáticos que asistieron al teatro no pudieron contener la emoción al verlo aparecer en escena, y muchos revivieron la nostalgia de una generación que creció junto a los jóvenes magos de J. K. Rowling.
Felton, visiblemente conmovido, se adueñó del escenario con la madurez de quien ha aprendido a reconciliarse con su pasado. Durante la función, retomó la famosa frase “Potter… I need a favor!”, despertando un rugido de aplausos que interrumpió la obra durante varios minutos. Fue un momento que trascendió el teatro: el reencuentro de un actor con el papel que marcó su vida.

Más allá del espectáculo, su regreso representa un punto de conexión entre dos generaciones: la que descubrió a Draco en la gran pantalla y la nueva audiencia que ahora lo ve reinventado sobre las tablas. En The Cursed Child, Malfoy aparece como un adulto enfrentado a su legado, a su hijo y a las consecuencias de sus antiguas decisiones. Esa evolución, según Felton, fue lo que más lo motivó a aceptar el desafío.
El actor ha declarado que esta experiencia le permitió “cerrar un círculo” en su carrera, explorando una versión más humana, vulnerable y madura de Draco Malfoy. Su interpretación no solo emocionó al público, sino que también demostró cómo la magia del teatro puede revivir personajes que parecían haber quedado en el pasado.
El hechizo de Felton sigue intacto, y su regreso ha reavivado la pasión por un universo que, aunque cinematográficamente concluido, continúa expandiéndose en nuevas formas. Draco volvió, y lo hizo para recordarnos que algunos personajes, al igual que algunos amores, nunca terminan realmente.