
La más reciente adaptación de Frankenstein, dirigida por Guillermo del Toro y disponible en Netflix, ha generado un gran impacto por su enfoque fiel al espíritu de la novela de Mary Shelley, pero con una interpretación profundamente humana y esperanzadora. La película lleva al espectador a un desenlace que no solo honra la obra original, sino que también la resignifica con un mensaje de redención y empatía.
En la secuencia final, el enfrentamiento entre Víctor Frankenstein (Oscar Isaac) y la criatura (Jacob Elordi) alcanza su punto máximo a bordo de un barco atrapado en el hielo. Allí, el creador se enfrenta a las consecuencias de su ambición y, antes de morir, pide perdón a su creación. En lugar de continuar la cadena de odio, el monstruo decide romper con el ciclo de venganza y se aleja en busca de un nuevo amanecer. Esta escena final, bañada en luz y simbolismo, marca una clara diferencia con el cierre trágico del libro: en esta versión, la criatura elige la vida.
Guillermo del Toro describió este desenlace como uno de los más luminosos de su carrera, una metáfora del perdón y la reconciliación con lo que somos capaces de crear. Su visión no elimina la oscuridad del relato, pero la transforma en reflexión sobre la naturaleza humana y la necesidad de encontrar belleza incluso en la imperfección.
El filme conserva los elementos esenciales del clásico —la expedición ártica, el dilema moral del creador y la soledad del ser creado—, pero amplía su universo emocional. A lo largo de la historia, la criatura se muestra más sensible, más consciente de su existencia y más dispuesta a comprender al mundo que la rechaza. La narrativa explora no solo el horror de la creación, sino también la posibilidad de sanar lo roto.
Este cierre ha cautivado a los espectadores, que lo interpretan como una declaración sobre la empatía y la redención. En lugar de una historia de castigo, Del Toro ofrece una fábula visual sobre la reconciliación y la esperanza, transformando un mito oscuro en una reflexión sobre el poder de perdonarse a uno mismo.
En definitiva, Frankenstein de Guillermo del Toro no solo revive un clásico, sino que le da nueva vida, recordándonos que incluso los monstruos pueden aprender a mirar hacia la luz.