
Después de casi cuatro años de disputas, la batalla legal que involucraba a Katy Perry finalmente terminó a su favor: un juez otorgó a la cantante una compensación de 1,842,142.84 dólares, poniendo fin a un conflicto judicial que puso bajo la lupa una de las adquisiciones más polémicas de su vida.
En 2020, Perry —junto a su entonces pareja, Orlando Bloom— compró una mansión en Montecito, California, pagando 15 millones de dólares. El vendedor era un veterano de guerra octogenario, Carl Westcott, quien apenas dos meses antes había adquirido la propiedad. Poco después de firmar el contrato, Westcott intentó anular la venta, alegando que, debido a una cirugía reciente y al consumo de analgésicos, no se encontraba en pleno uso de sus facultades mentales.

La defensa de Perry sostuvo desde el inicio que el trato era legítimo. Para 2024, tras revisar pruebas médicas y testimonios, un juez determinó que Westcott estaba en condiciones de firmar el contrato y que la venta debía respetarse. Esa decisión abrió el camino para una nueva fase del litigio: la compensación por los perjuicios que, según la cantante, sufrió debido al prolongado retraso en la entrega de la propiedad.
El monto final considera varios conceptos: el alquiler perdido de la mansión durante el litigio, costos de reparación acordados por la corte, y compensaciones por la demora en acceder a la vivienda. Aunque Katy Perry había reclamado originalmente una cifra mucho mayor, la corte ajustó la condena al monto actual. Aun así, para muchos este fallo representa una victoria clara, un cierre legal a una disputa que se llevó buena parte de los últimos años.
Más allá del dinero, la resolución simboliza el fin de una de las peleas judiciales más sonadas en el mundo de los famosos. Para Perry, significa recuperar no solo su inversión, sino también la tranquilidad.