
La edición 2025 del certamen internacional enfrenta una controversia de alto calibre. Las autoridades de Tailandia han emitido una orden de captura contra la empresaria Anne Jakrajutatip, después de que no asistiera a una audiencia determinante en un proceso judicial que investiga un presunto fraude financiero.
El caso se centra en la comercialización de bonos corporativos pertenecientes a JKN Global Group, conglomerado del que la magnate es figura principal. La acusación señala que un grupo de inversionistas habría sido persuadido a aportar capital bajo compromisos de rentabilidad que, según la denuncia, nunca fueron honrados, provocando pérdidas cercanas a los 30 millones de baht, equivalentes a casi un millón de dólares estadounidenses.
El tribunal, con sede en Bangkok, había permitido que Jakrajutatip llevara el proceso en libertad bajo fianza desde 2023. Sin embargo, tras su ausencia —que no fue reportada ni justificada— se determinó revocar el acuerdo, anular su fianza y programar una nueva audiencia para el mes de diciembre, esta vez bajo la expectativa de que comparezca ante la justicia en condición de detenida.
La notoriedad pública de la empresaria ha intensificado el impacto mediático del caso: es considerada una de las personalidades trans más influyentes del mundo de los negocios y adquirió en 2022 la franquicia de la Miss Universe. En 2024, renunció a los cargos ejecutivos de la organización tras cuestionamientos previos vinculados a presuntas inconsistencias financieras reportadas por entes reguladores bursátiles del país.
Hoy, su paradero es desconocido y la policía tailandesa aumentó las acciones para localizarla. Mientras el certamen continúa su desarrollo en Bangkok, analistas y especialistas en entretenimiento coinciden en que este episodio podría influir de manera significativa en la percepción global del concurso, que en esta edición ha sido especialmente señalado por tensiones internas y debates sobre transparencia.
Lo que sí ha quedado claro, en medio del revuelo, es que la historia de Miss Universo 2025 estará marcada no solo por la belleza, la música y el espectáculo, sino también por una conversación inevitable sobre ética, credibilidad e intereses que van más allá del escenario.